Rubén “Pollo” Sobrero llegó por primera vez a Bariloche y pasó por los estudios de Voz Radio 103.7 con la misma intensidad con la que suele moverse en el escenario sindical: sin demasiados rodeos, con una mirada profundamente crítica sobre el sistema político y con la convicción de que la crisis argentina ya no puede explicarse solamente por Javier Milei.
Secretario general de la Unión Ferroviaria en la seccional Oeste y uno de los dirigentes sindicales más identificados con la izquierda, Sobrero estuvo en el ciclo Nada Personal en medio de una agenda cargada: venía de Neuquén, se dirigía a una asamblea de su gremio y después continuaría hacia Rosario y Jujuy. En paralelo, trabaja en la convocatoria a la “Marcha de la Bronca” del 19 de septiembre, una movilización que, según aseguró, ya supera el espacio del Frente de Izquierda y reúne a más de 260 organizaciones.
Durante la entrevista habló de la crisis de representación que permitió la llegada de Milei, cuestionó al peronismo por haber facilitado leyes del Gobierno, acusó a la conducción de la CGT de haber abandonado la defensa de los trabajadores, alertó por el desmantelamiento de la ciencia y la tecnología y dedicó un extenso capítulo al sistema ferroviario.
También dejó una definición electoral: considera que Myriam Bregman debería volver a ser candidata presidencial de la izquierda y pidió el voto para la lista local encabezada por Roberto Sánchez en la elección de convencionales constituyentes de Bariloche.
Sobrero empezó la charla con una escena bastante alejada de la política. Había despertado mirando el Nahuel Huapi después de décadas de rutina en el Gran Buenos Aires.
“La primera vez en Bariloche”, contó. “Tuve posibilidad de conocer un poco el centro. Qué lindo lugar. La verdad que los envidio sanamente. Yo me levanto y lo único que veo son colectivos, camiones, gente enloquecida, todo el mundo puteándose a la mañana. Y hoy me levanté, vi el lago y dije: ‘Chau’”.
La visita tuvo incluso una pequeña frustración ferroviaria: quiso acercarse a la estación para encontrarse con trabajadores del Tren Patagónico, pero coincidió con su día franco y no pudo conocerlos.
Milei como resultado, no como anomalía
Sobrero rechaza la idea de que Javier Milei sea un fenómeno exclusivamente argentino. Para él, la aparición de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o el propio Presidente forma parte de un proceso internacional asociado al agotamiento de los sistemas tradicionales de representación.
“Milei no salió de un repollo”, afirmó. Su interpretación es que sectores sociales que durante años no encontraron respuestas en la democracia tradicional comenzaron a buscar alternativas radicales, aun cuando esas alternativas terminaran desplazándose hacia la derecha.
En el caso argentino, hizo una autocrítica que apuntó directamente al gobierno anterior. “El gobierno de Alberto Fernández fue muy malo”, sostuvo. Y agregó que si se observa la trayectoria de las últimas décadas, las variables que más crecieron fueron “las desigualdades sociales y la pobreza”.
Según Sobrero, ese contexto explica parte del voto juvenil a Milei. Muchos jóvenes, dijo, vieron a sus padres trabajar durante toda la vida sin mejorar sustancialmente su situación y buscaron algo diferente. “Pensaron que Milei era un cambio”, explicó. Hoy cree que una parte de ese electorado empieza a experimentar desencanto.
Sobrero cuestionó especialmente algunos argumentos presidenciales sobre la situación económica de los hogares. Recordó un discurso de Milei en el que el mandatario atribuyó parte del endeudamiento familiar a decisiones de consumo, como la compra de televisores. “Televisores, che, pará un poco”, reaccionó.
Su crítica apunta a lo que considera una doble vara del Gobierno. Puso como contraste los beneficios otorgados a determinadas empresas y la dureza con la que se trata a consumidores endeudados. “A las empresas eléctricas les perdonaron millones de dólares. Y a vos, que te atrasás un poco en la tarjeta de crédito, te dicen que nadie te puso una pistola en la cabeza”, planteó.
También mencionó el peso del IVA, que se cobra sobre prácticamente todo el consumo cotidiano, como ejemplo de una presión tributaria que impacta proporcionalmente más sobre quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a gastos básicos.
Galperin, Mercado Libre y una acusación sobre beneficios fiscales
Sobrero incorporó además a Marcos Galperin en su crítica al modelo económico. Afirmó que el fundador de Mercado Libre habría ahorrado US$67 millones durante el último año por el tratamiento fiscal de sus actividades financieras y mencionó una cifra acumulada de US$514 millones en cinco años.
El dirigente atribuyó ese beneficio a que determinadas operaciones son consideradas fintech y no una actividad bancaria tradicional. Para el sindicalista, sin embargo, la comparación sirve para plantear prioridades.
Sostuvo que recursos de esa magnitud podrían destinarse a educación, ciencia, tecnología e infraestructura, áreas que considera determinantes para cualquier política de desarrollo.
El peronismo y “un albertismo sin Alberto”
Si su crítica a Milei fue contundente, Sobrero tampoco ofreció una salida indulgente al peronismo. Lo definió como un espacio que intenta volver al poder con buena parte de los mismos dirigentes que integraron la administración anterior.
“Es un albertismo sin Alberto”, sintetizó. Para el dirigente ferroviario existe hoy un sector importante de la sociedad que está enojado con Milei, pero que tampoco quiere regresar al peronismo. Ese espacio político sin representación definida es el que la izquierda pretende disputar.
Sobrero mencionó en ese contexto el crecimiento de Myriam Bregman, a quien ve como una de las figuras con mayor potencial fuera de las estructuras tradicionales. El dirigente puso especial énfasis en una contradicción que atribuye al peronismo. Recordó que muchos legisladores, gobernadores y dirigentes electos como oposición terminaron aportando votos decisivos para aprobar iniciativas centrales del Gobierno.
Su pregunta fue directa: si esos dirigentes contribuyen a que Milei consiga sus leyes, ¿qué significa después presentarse como alternativa? “¿Para qué querés ganar si total estás cogobernando con el Gobierno, le estás dando lo que él quiere?”, cuestionó.
El ferroviario observó además que durante sus primeros años Milei gobernó sin mayoría propia en Diputados ni Senado, sin gobernadores, sin intendentes y sin una estructura territorial tradicional. Y aun así, agregó, consiguió sostener su programa. “Gobernó muy tranquilo”, dijo.
Para reforzar su argumento recordó el balotaje de 2015 entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. En aquel momento, contó, la izquierda recibió fuertes críticas por sostener que ninguno de los dos representaba una salida para los trabajadores.
“Nos mataron”, recordó. Después lanzó la pregunta que utiliza como reivindicación retrospectiva: “¿Dónde está Scioli hoy?”. La respuesta es conocida: Scioli terminó incorporándose al gobierno de Milei.
Para Sobrero, esa trayectoria demuestra que buena parte de las fronteras políticas que se presentan como irreconciliables durante una campaña pueden volverse mucho más flexibles cuando se trata de integrar un gobierno.
La CGT: “Negocian con tu sangre”
Probablemente el momento de mayor dureza de la entrevista llegó cuando habló de la conducción de la CGT. Sobrero considera que la central sindical abandonó cualquier intento de encabezar una resistencia sostenida frente al Gobierno.
Lo sintetizó con una frase: frente a una reforma laboral, “la CGT, en vez de estar en la calle, está negociando con el Gobierno con tu sangre”. Su crítica no se limita a la falta de movilizaciones.
Sobrero sostiene que existe una decisión política de preservar las estructuras gremiales aun al costo de aceptar retrocesos laborales. Llegó incluso a comparar a la actual conducción con dirigentes sindicales de etapas históricas particularmente cuestionadas.
Dijo que esta CGT es “peor que la de Baldassini y Triaca”, aunque inmediatamente distinguió que aquellos dirigentes habían sido colaboracionistas durante la última dictadura militar. Su acusación actual es otra: “Entregaron a los compañeros por una cuota societaria y cada tanto te hacen una marchita para descomprimir”.
Sobrero mencionó especialmente a Andrés Rodríguez, secretario general de UPCN. Cuestionó que un dirigente sindical considere como tarea del gremialismo garantizar estabilidad a cualquier gobierno. “Vos estás para representar los intereses de los trabajadores”, planteó.
Y agregó: “Dejá que los empresarios se defiendan solos, dejá que el Gobierno se defienda solo. Vos estás para otra cosa. Si no, pasate del otro lado del mostrador”. El remate fue todavía más ácido: “Muchos están de los dos lados del mostrador”.
Para Sobrero, el problema no es solamente económico o burocrático. Es ideológico. Recordó los programas sindicales de La Falda, Huerta Grande y los 26 puntos de Saúl Ubaldini, documentos en los que el movimiento obrero formulaba propuestas concretas de gobierno.
Mencionó como ejemplos la nacionalización de la banca, del comercio exterior y políticas sobre deuda.
Su reproche es que la CGT actual ya no puede levantar esas banderas porque acompañó gobiernos que actuaron en sentido contrario. “¿Qué puede decir hoy la CGT?”, preguntó.
Y agregó que incluso cuando algunos sectores sindicales pretenden endurecer su postura, las conducciones tradicionales optan por esperar que Milei “se queme” para intentar volver con el peronismo. Sobrero rechaza esa estrategia. “Nosotros no podemos esperar hasta el año que viene porque todos los días tenemos despidos”, sostuvo.
Ciencia y tecnología: el caso CNEA
En Bariloche, la discusión sobre ciencia adquirió inevitablemente una dimensión local. Sobrero se refirió al Centro Atómico Bariloche, a la CNEA y al impacto que tienen las políticas nacionales sobre un entramado científico y tecnológico construido durante décadas.
Aseguró que trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica estaban recibiendo propuestas de retiro voluntario y habló directamente de un proceso de “desmantelamiento”.
También mencionó el proyecto CAREM como ejemplo de una capacidad tecnológica argentina que, desde su mirada, debería convertirse en una herramienta de soberanía e incluso de exportación. Y vinculó esa situación con antecedentes relacionados con INVAP.
Para Sobrero, el problema tiene una raíz política: una dirigencia argentina que calificó de profundamente “cipaya”. Recurrió incluso a una comparación histórica con las invasiones inglesas para describir lo que considera una predisposición de sectores de poder a priorizar intereses externos.
El dirigente recordó una frase atribuida a Margaret Thatcher sobre cuál había sido su principal conquista política. Según relató, la ex primera ministra británica respondió que su mayor victoria había sido conseguir que los laboristas pensaran como ella. “Y vos lo ves y piensan todos iguales”, dijo Sobrero.
Con esa referencia intentó explicar por qué considera insuficiente una alternancia electoral si los principales espacios terminan compartiendo los mismos parámetros económicos.
Ferrocarriles: una destrucción que Sobrero remonta a 1961
Como dirigente ferroviario, el capítulo más extenso de la entrevista estuvo dedicado al tren. Sobrero rechazó limitar el proceso de destrucción ferroviaria al menemismo. Para él, el punto de partida debe ubicarse en 1961, con el Plan Larkin. Recordó que entonces el sistema ferroviario tenía alrededor de 300.000 trabajadores y llegaba a prácticamente todo el territorio.
Vinculó el Plan Larkin con los acuerdos económicos y geopolíticos de aquellos años, la relación con Estados Unidos y la expansión de empresas automotrices y de neumáticos. Según su interpretación, el objetivo era reducir el peso del ferrocarril para favorecer otros modos de transporte.
Sobrero contó además una coincidencia personal. El paro ferroviario contra el Plan Larkin comenzó el 1° de noviembre de 1961, el mismo día de su nacimiento. Fue una huelga de 62 días. “Se logró frenar un poco, pero ahí perdimos”, reconoció.
Después llegaron cierres de ramales y, durante la dictadura, la desaparición física de trabajadores ferroviarios.
Pero Sobrero no aceptó separar el menemismo del peronismo. “Gobierno peronista, por más que digan que no”, remarcó. Recordó que durante ese proceso el ferrocarril pasó de aproximadamente 120.000 trabajadores a 17.000 y perdió gran parte de su red activa.
También relacionó las privatizaciones con algunos de los episodios más graves de las últimas décadas, entre ellos la tragedia de Once y distintos choques ferroviarios. Para Sobrero, Once obligó al Estado a incorporar nuevo material rodante, pero no produjo una política sostenida de reconstrucción integral.
Además afirmó que con la llegada de Milei volvió a profundizarse el ajuste ferroviario. Habló de una reducción cercana al 30% en la cantidad de trenes, disminuciones de velocidad por el estado de las vías y cierre de servicios como los de Córdoba y Tucumán.
Un sistema de transporte integrado
Sobrero plantea que Argentina necesita una política de transporte diseñada a 15 o 20 años, donde trenes, camiones, colectivos, aviones y barcos no compitan entre sí, sino que formen parte de un sistema integrado. El criterio central sería utilizar cada modalidad donde resulte más eficiente.
Los trenes, por ejemplo, deberían absorber cargas de larga distancia, mientras que los camiones concentrarían recorridos cortos desde estaciones hacia destinos finales. Esa organización, sostiene, permitiría reducir costos logísticos y accidentes en las rutas.
Una de las propuestas más provocadoras de Sobrero consiste en utilizar el negocio ferroviario de cargas para financiar el transporte de pasajeros. Según sus números, la venta de boletos aporta solamente alrededor del 7% del costo necesario para operar el sistema. “Es ridículo cobrar boleto”, afirmó.
Sobrero rechazó la idea de que una expansión ferroviaria implicaría inevitablemente un enfrentamiento con el gremio de Camioneros. Aseguró haber discutido personalmente el tema con Hugo Moyano.
“El tren llega a la estación, pero después vos tenés que repartir todo”, explicó. Para él, los intereses generales deben estar por encima de cualquier defensa corporativa.
El referente gremialista sostuvo que actualmente el ferrocarril transporta apenas alrededor del 2,5% de la producción, mientras que cuando el sistema de cargas era estatal esa participación habría alcanzado cerca del 40%.
Apuntó contra grandes empresas cerealeras e industriales que controlan simultáneamente ferrocarriles, puertos y comercialización. Mencionó, entre otras, a Cargill, Techint, Camargo Correa y Vicentin. Su acusación es que esa integración permite utilizar infraestructura pública como parte de una logística privada y reducir la capacidad de control estatal sobre el comercio exterior.
Sobrero fue todavía más lejos al hablar de Vicentin. Describió mecanismos de triangulación de exportaciones y divisas a través de otros países y cuestionó la debilidad de los controles sobre las declaraciones juradas en puertos.
También afirmó que en instalaciones vinculadas con Vicentin se encontraron toneladas de cocaína y relacionó ese episodio con integrantes del directorio.
La Marcha de la Bronca
Toda esa lectura política desemboca en una convocatoria concreta: el 19 de septiembre. Sobrero explicó que la denominada “Marcha de la Bronca” comenzó como una iniciativa impulsada por sectores del Frente de Izquierda, pero asegura que actualmente participan 262 organizaciones.
El objetivo, dijo, es reunir reclamos que hoy aparecen dispersos: trabajadores despedidos, sectores afectados por políticas de ajuste, defensa de ciencia y educación, tierra y movimientos sociales.
“¿Cómo organizamos toda esa bronca que hay en la sociedad?”, planteó. Para Sobrero, la marcha debe ser algo más que una protesta contra Milei. La imagina como el comienzo de un proceso para “superar todo lo viejo”.
Sobrero dijo observar un fenómeno que considera creciente: personas que participan de movilizaciones sin pertenecer a partidos o estructuras gremiales tradicionales. Recordó concentraciones frente al Congreso donde, según describió, mucha gente llegaba por cuenta propia. Es en ese sector donde la izquierda pretende construir.
Su lectura es que el voto a espacios de derecha es volátil y puede desplazarse nuevamente si aparece una alternativa capaz de canalizar el malestar.
“El 19 de septiembre puede ser una bisagra”
Sobrero se mostró convencido de que la movilización tendrá alcance nacional. “Va a ser una bisagra”, pronosticó. Dijo advertir un cambio incluso entre trabajadores ferroviarios y en barrios populares del oeste del Gran Buenos Aires donde Milei había tenido un respaldo importante.
Según su evaluación, el núcleo duro del oficialismo habría retrocedido hacia niveles históricos de la derecha argentina, que estimó entre 25% y 30%.
Ese punto resulta central para su estrategia. Sobrero cree que una parte considerable de quienes votaron a Milei lo hicieron, antes que nada, contra el peronismo. Y sostiene que, aunque ahora estén desencantados con el Gobierno, no necesariamente regresarán al espacio que rechazaron. “Esa gente no vuelve”, afirmó.
Para la izquierda, allí aparece una oportunidad pero también una exigencia: construir “con la mayor unidad, sin sectarismo y sin creernos los Reyes Magos”.
Sobrero también cuestionó la lógica hereditaria de algunas conducciones gremiales. Describió ciertos sindicatos como verdaderas “pymes multimillonarias” y defendió la aparición de nuevas generaciones de dirigentes. Mencionó experiencias en SUTEBA La Matanza, SUTNA, ferroviarios y gremios docentes, además del protagonismo alcanzado por movimientos de mujeres.
Reconoció que él puede tener mayor exposición mediática que otros dirigentes, pero sostuvo que eso no significa que no exista un proceso de recambio más amplio.
Bregman, la candidata que imagina para el futuro
Cuando la conversación se acercó al plano electoral, Sobrero fue bastante explícito. Dijo que cuando llegue el momento se discutirán las candidaturas, pero sostuvo que hoy Myriam Bregman es la figura que mejor mide dentro de la izquierda.
“Yo creo que tiene que ser nuestra candidata”, afirmó. No lo presentó como una decisión formal, pero sí como su preferencia política.
También resumió cuáles deberían ser, a su entender, las bases programáticas de esa alternativa. Mencionó tres: el no pago de la deuda externa; la defensa de la ciencia, la tecnología y la educación; y una redistribución del poder político hacia “los que trabajan y no los que viven de nuestro trabajo”.
Sobrero también cuestionó la noción de meritocracia. Su argumento es que no puede evaluarse el mérito individual sin observar las profundas desigualdades de origen. Comparó las oportunidades de un chico que accede a educación bilingüe o trilingüe, buena alimentación y estabilidad familiar con las de otro que crece en condiciones de pobreza.
“No parten del mismo lugar”, sostuvo. Por eso, afirmó, la salida no puede estar basada en el “sálvese quien pueda”. “Las salidas no son individuales. Son de conjunto porque somos una sociedad”, dijo.
La elección de Bariloche también entró en la conversación
Antes de despedirse, Sobrero vinculó la discusión nacional con la elección local. Recordó que el 1° de noviembre Bariloche elegirá convencionales para reformar la Carta Orgánica y pidió acompañar al Frente de Izquierda.
Mencionó especialmente a Roberto Sánchez y sostuvo que la lista local expresa la misma orientación que pretenden construir a nivel nacional: “unidad, no división”.
La fecha tiene además una coincidencia personal: Sobrero recordó que ese día cumple años.












