En octubre de 2014, un grupo de hoteleros de Bariloche convenció a Lucio Bellora, tras varias cenas y charlas, de que la ciudad necesitaba un evento gastronómico a la altura de su identidad. En aquel entonces, Bellora se mostraba reacio. “No quería hacer una olla de locro más grande o mesas con truchas de cien metros. Había que pensar algo mucho más profundoâ€, recuerda. Esa convicción fue el punto de partida de Bariloche a la Carta (BALC), que hoy, más de una década después, se consolidó como uno de los festivales gastronómicos más influyentes de la Argentina.
Lo que en sus orígenes parecía un proyecto experimental se transformó en una marca de alcance nacional e inte acional. Para sus organizadores, BALC dejó de ser un evento para convertirse en una comunidad. “Es una construcción colectiva, donde hay mucha gente trabajando con convicción detrás de escena para generar cosas para la ciudadâ€, define Bellora.
Martín Lago, presidente de la Asociación Hotelera de Bariloche y testigo de nueve ediciones, coincide: “Pasó de ser una idea a convertirse en una comunidad. Hoy es un espacio de encuentro para familias, amigos, vecinos y colegas, un lugar donde compartir, experimentar y probar nuevas alte ativasâ€.
Más allá de la atracción turística, uno de los aportes más destacados de BALC es la visibilidad que brinda a los pequeños productores de la región. En una provincia extensa y diversa como Río Negro, muchos trabajan aislados, sin posibilidad de llegar al gran público. “Son productores que trabajan sin rostro, sin voz, y que logran vender en una semana la producción de todo un añoâ€, enfatiza Lago.
Bellora, por su parte, detalla el trabajo de “curaduría†que realiza su equipo para detectar talentos y propuestas que puedan enriquecer la feria. Esa tarea incluye recorrer parajes rurales, probar productos en desarrollo y ofrecer un espacio a quienes, de otro modo, no tendrían cómo mostrar lo que hacen.
De quesos de autor a cervezas artesanales, de dulces orgánicos a productos innovadores como el ajo negro patagónico, el evento se volvió una vitrina que multiplica oportunidades. “La feria es, en muchos casos, la primera vez que esos productores se encuentran cara a cara con los consumidoresâ€, explica Bellora.
Innovación, ciencia y nuevos horizontes
Cada edición de BALC incorpora novedades, sin perder su esencia. La federalización de la gastronomía, con la participación de cocineros de distintas provincias e incluso de Brasil, es una de ellas. “Eso aporta otros colores, otros acentos, distintas maneras de aproximarse a la mesa. La comida siempre es la puerta de entrada a una culturaâ€, señala Lago.
En los últimos años, además, se sumó un polo científico con el programa “de la ciencia a la mesaâ€. Allí se presentan investigaciones y desarrollos vinculados a la producción alimentaria: levaduras patagónicas, nuevos cultivos de trigo y alfalfa, trufas, cebolla y hasta innovaciones disruptivas como la ca e cultivada o el dulce de leche de garbanzos.
Cuando se lanzó la primera edición, nadie imaginaba que BALC podía convertirse en un atractivo turístico por sí mismo. Hoy, según sus organizadores, hay visitantes que planifican sus vacaciones en función de las fechas del festival. “La gastronomía es un gran tractor de turismo. Lo entendieron en Perú y hoy lo vemos acá. Bariloche a la Carta es un producto turístico que potencia la ocupación hotelera y la elección del destinoâ€, asegura Lago.
El impacto económico se refleja también en la generación de empleo: unas 1000 personas trabajan de manera directa en la feria, a las que se suman proveedores, transportistas, diseñadores y comunicadores que participan de la organización. En términos de comunicación, la marca BALC genera millones de visualizaciones en redes sociales, reforzando el posicionamiento de Bariloche como un destino gastronómico de excelencia.
Proyección a futuro
Bellora sostiene que la meta es clara: “Queremos que Bariloche sea el faro de la gastronomía identitaria en Argentinaâ€. Ese objetivo incluye atraer a cocineros de todo el país y generar campañas inte acionales para mostrar lo que la ciudad tiene para ofrecer.
Lago, en la misma línea, destaca la responsabilidad que sienten desde la Asociación Hotelera: “Es una obligación moral sostener este evento, porque genera grandes expectativas en productores y en el público. El camino, una vez iniciado, es para adelante y para arriba siempreâ€.
Ambos coinciden en que BALC representa no solo un evento gastronómico sino una estrategia cultural y económica de largo plazo. Como resume Lago, “el trabajo sostenido en el tiempo transformó lo que era una apuesta en una estrategia comunicacional para Barilocheâ€.













