Cuando Walter Cortés mencionó esta semana la posibilidad de construir una nueva vía de circulación sobre la ladera del cerro Otto, muchos interpretaron el anuncio como una idea nacida en los despachos municipales de la actualidad. Sin embargo, la propuesta tiene más de veinte años de historia y remite a uno de los proyectos viales más ambiciosos que alguna vez se pensaron para Bariloche. Su nombre era Pioneros II.
La iniciativa fue presentada en 2006 durante la gestión del entonces intendente Alberto Icare y surgió en el marco de una comisión integrada por especialistas, vecinos y funcionarios que buscaba alternativas frente a un problema que ya por entonces preocupaba: el crecimiento constante del tránsito y la falta de conexiones entre el sur de la ciudad y la zona oeste.
El problema que Bariloche arrastra desde hace décadas
Para entender la lógica del proyecto hay que remontarse incluso más atrás. La actual avenida de los Pioneros comenzó a tomar forma a mediados de la década de 1930 como una vía complementaria a la antigua Ruta Nacional 237 (ahora Bustillo). Durante décadas fue conocida como Camino del Faldeo y recién en 1975 adoptó su denominación actual, por iniciativa del ingeniero Julio Riesgo, quien propuso homenajear a los antiguos pobladores de la región.
Setenta años después de aquel trazado original, un grupo de técnicos y vecinos imaginó una nueva avenida varios cientos de metros más arriba sobre el cerro Otto.
La idea no surgió de la nada. Según pudo reconstruir Voz Radio, retomaba una antigua proyección de Vialidad Nacional que contemplaba vincular la entonces Ruta 258 —hoy avenida Juan Herman— con la avenida de los Pioneros utilizando el faldeo sur del cerro. Aquella base fue ampliada y transformada en un proyecto de escala mucho mayor.
Una segunda avenida sobre la ladera del Otto
Pioneros II buscaba convertirse en una segunda columna vertebral para la circulación de Bariloche. El recorrido comenzaba en las inmediaciones de la actual rotonda donde confluyen Juan Herman y la Circunvalación. Desde allí ascendía hacia la ladera del Otto y avanzaba por detrás de barrios como El Frutillar y las 34 Hectáreas, manteniéndose entre las cotas 910 y 920 metros sobre el nivel del mar.
A la altura del acceso a Piedras Blancas se proyectaba una rotonda que permitiría reorganizar la circulación antes de continuar por el faldeo. El camino seguía paralelo a la actual avenida de los Pioneros hasta desembocar cerca de la intersección con la Ruta Provincial 82, en las proximidades del ingreso al cerro Catedral.
Pero el proyecto no terminaba allí.
La propuesta contemplaba una prolongación que rodearía parte de las tierras del Ejército Argentino, conectaría con el camino al Catedral y avanzaría hasta el barrio Pájaro Azul para finalmente alcanzar la zona de laguna El Trébol.
“En términos técnicos, era vincular la rotonda de Diarco con la laguna El Trébol”, recordó una de las fuentes consultadas que participó de aquellas discusiones.
Los impulsores sostenían que la nueva traza presentaba ventajas particulares respecto de otros caminos de montaña. Aunque reconocían los condicionantes propios de la altura, afirmaban que la orientación del faldeo permitiría recibir radiación solar durante gran parte del día. Ese factor, argumentaban, facilitaría el deshielo natural durante el invierno y reduciría los riesgos asociados a la acumulación de nieve y hielo.
La reserva territorial que nunca llegó
La comisión incluso avanzó sobre herramientas urbanísticas para evitar que el crecimiento inmobiliario terminara bloqueando una futura construcción. Entre las propuestas figuraba la intangibilidad de una franja de 50 metros a cada lado del corredor proyectado, una reserva estratégica pensada para garantizar la disponibilidad del espacio durante las décadas siguientes.
En 2006 los estudios disponibles estimaban que alrededor de 42.000 vehículos circulaban diariamente por los corredores que conectaban el centro con la zona oeste. Para una ciudad que todavía estaba lejos de alcanzar su expansión actual, el dato ya encendía alarmas.
El viaje a Buenos Aires y el interés del Ejército
El proyecto fue presentado formalmente ante el Ejecutivo municipal y llegó incluso a Buenos Aires. Alberto Icare llevó la propuesta a distintos organismos nacionales en busca de financiamiento. Las gestiones alcanzaron también al entonces jefe del Ejército Argentino, Roberto Bendini, debido a que parte de los trazados analizados involucraban sectores cercanos a terrenos bajo jurisdicción militar.
Sin embargo, la iniciativa nunca logró transformarse en un proyecto ejecutivo. No ingresó formalmente al Concejo Municipal y tampoco consiguió respaldo económico de la Nación. Con el paso de los años quedó archivada y fue desapareciendo de la agenda pública.
Veinte años después, Cortés vuelve a mencionarlo
Esta semana, durante una rueda de prensa, Cortés volvió a mencionar la posibilidad de desarrollar una nueva vía paralela a Pioneros. Aunque el planteo actual es considerablemente más acotado que el diseñado hace dos décadas, la referencia fue suficiente para reactivar el recuerdo de aquel proyecto.
“Estamos pensando en Pioneros II, hacerlo por arriba. Tenemos muchas ideas, muchas ganas y mucha fuerza”, sostuvo el intendente.
Según explicó, el análisis preliminar contempla una conexión desde las inmediaciones del acceso a Piedras Blancas hacia el sector de Virgen de las Nieves, retomando parcialmente el concepto original de generar una alternativa de circulación sobre la ladera del Otto.
Quizás Pioneros II nunca llegue a construirse tal como fue imaginado hace veinte años. Pero su reaparición vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa todas las gestiones municipales desde hace décadas: cómo garantizar la movilidad de una ciudad que sigue creciendo mucho más rápido que su infraestructura.
*Imagen ilustrativa generada por Voz Radio con asistencia de la IA.












