El 1 de agosto de 1955 el Instituto de Física de Bariloche dio su primera clase. En tres años comenzaron a egresar las primeras promociones. En 1961, con apenas 42 años de edad, murió José Antonio Balseiro, fundador y alma mater de la entidad, construyó un modelo de academia único en el mundo, cuya mística pervive en el presente. Tal era la genialidad del fundador, que le alcanzaron seis años de vida e inspiración para marcar a la institución por las décadas venideras.
Claro que no estuvo solo. Leo Falicov, a quien describen como otro genio, egresó con la primera promoción y fue uno de los que lideraron el trasladado de la posta al futuro.
“No es fácil sostener el nivel académico del IB durante tantas décadas en Argentina, con tantos y fuertes altibajos. Cuando murió Balseiro apenas se habían recibido tres promociones. Fue un golpe fuerte, pero fueron ellos los que se pusieron el instituto al hombro y avanzaron con el legado de Balseiro. Yo tuve la suerte de tener de profesor a uno de ellos, Abe Kestelman. Ellos crearon un modelo único, que se intentó replicar en otras entidades, pero no funcionóâ€, rememoró en diálogo con periodistas de Bariloche la vicedirectora del IB, Graciela Bertolino, quien también integra la CD de la Fundación Balseiro.
El modelo que perduró está basado en la exigencia y la estrecha identificación con la casa de estudios. “La clave es aprender a aprender, y responder al estudio bajo presión. Estudian, rinden, vuelven a estudiar. Los profesores no tienen la formación docente, sino que son investigadores o tecnólogos de acá, enseñan lo que trabajanâ€, explicó la catedrática.
El Balseiro está integrado por estudiantes de todas las universidades del país y también del extranjero, que deben cumplir antes con dos años universitarios completos de Física o Ingeniería. Para ingresar deben rendir un exigente examen de ingreso. Y entran con una beca completa al paraíso de estudios superiores, una academia en la que viven todo el año y sólo deben ocuparse de estudiar.
El primer año es de estudios en aulas en una formación de base, y a partir del siguiente pasan a los laboratorios, donde pasarán mucho tiempo.
“Siempre trabajamos mucho con la frustración. Hoy tenemos dilemas diferentes, como contar con estudiantes de la generación de cristal. Pero el espíritu es el mismo, estudio, trabajo, dedicación, esfuerzo, y una identificación total con el instituto, que es inseparable del Centro Atómico Bariloche, son la misma cosaâ€, agregó Bertolini.
El Instituto Balseiro pertenece a la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de Cuyo. Tiene infraestructura propia en 20 hectáreas, que ocupan parte de las 70 del Centro Atómico Bariloche. Entre otros edificios, cuenta con tres pabellones de residencia de estudiantes, rl reactor experimental RA6, varios edificios de laboratorios equipados con todo lo necesario y la más mode a tecnología, la extraordinaria biblioteca Leo Falicov (que ocupa un edificio entero), y otras instalaciones.
La parte académica comenzó con la carrera de Física nuclear, luego incorporó Ingeniería Nuclear, y fue agregando diversos estudios de grado y posgrado. Entre otras, se destacan la Ingeniería Mecánica e Ingeniería en Telecomunicaciones. También tiene diplomaturas en Medicina Nuclear y Radioterapia; especialización en Física Médica Clínica, Aplicaciones de la Tecnología Nuclear (CEATEN) junto a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires; maestrías en Ciencias Físicas, Ingeniería, Física Médica, y doctorados en Ciencias de la Ingeniería, Ingeniería Nuclear, Física e Investigación interdisciplinaria en salud.
Semanalmente presenta seminarios abiertos a todo el público, aunque en su mayoría están pensados para científicos y tecnólogos (que pueden verse en su página de youtube @institutobalseiroIB), y tiene numerosas actividades de extensión.













