La temporada de invierno dejó hasta ahora un balance favorable para Bariloche, con una ocupación hotelera que alcanzó el 90,1% durante la semana de mayor movimiento, según afirmó el secretario municipal de Turismo, Eric Guzmán, en una entrevista con Voz Radio.
El funcionario destacó que la llegada de la nieve permitió consolidar la demanda y señaló al turismo brasileño como uno de los pilares del invierno. Al mismo tiempo, advirtió que el desafío de la ciudad no termina en atraer visitantes: también requiere proteger la imagen urbana, controlar las intervenciones irregulares sobre la vía pública y preservar una estética compatible con la identidad de Bariloche.
“Para nosotros, todo es turismo”, resumió Guzmán al explicar por qué, aunque las áreas de fiscalización y habilitaciones ya no dependen directamente de su Secretaría, continúa siguiendo temas relacionados con la limpieza, el orden y las construcciones que alteran el paisaje urbano.
Guzmán calificó la temporada como “satisfactoria” y explicó que la Secretaría realiza su propio seguimiento mediante consultas a establecimientos de distintas características, sin limitar el relevamiento a los alojamientos asociados a las cámaras empresariales. “En la semana top tuvimos un 90,1% de ocupación”, precisó.
El comportamiento del invierno estuvo marcado por una mayor concentración de visitantes en determinadas semanas, especialmente después de las nevadas que mejoraron las condiciones en la montaña.
Ese movimiento más estacional contrasta, según el funcionario, con años en los que la llegada de turistas se distribuía de una manera más regular.
Bariloche mantiene dos momentos fuertes, el invierno y el verano, aunque la estrategia oficial también apunta a sostener el otoño y la primavera mediante propuestas de naturaleza, cabalgatas, bicicletas eléctricas, senderismo y actividades en refugios.
El turismo brasileño, una presencia indispensable
El secretario remarcó el papel que tienen los visitantes de Brasil en el funcionamiento de la temporada. “No concebimos el invierno sin la presencia del turismo brasileño. Es como que falta algo”, afirmó.
La importancia de ese mercado se observa especialmente en la hotelería, la gastronomía, los servicios receptivos y las excursiones vinculadas con la nieve. Guzmán contó que los propios turistas suelen bromear con la cantidad de compatriotas que encuentran en Bariloche. “Dicen que no quedó nadie en Brasil”, relató.
La ciudad lleva décadas consolidada como uno de los destinos invernales preferidos por el público brasileño. Ese vínculo representa una fortaleza, aunque también expone la necesidad de sostener la conectividad aérea, la promoción internacional y una oferta que no dependa exclusivamente de las condiciones de nieve.
“No hay que acostumbrarse a la montaña”
La entrevista coincidió con las actividades por el Día del Montañés y permitió a Guzmán reflexionar sobre la identidad local. “Montañeses somos hasta los que somos de Bariloche, porque tenemos una vida distinta a la gente de la llanura”, sostuvo.
El funcionario, que también se desempeñó como instructor de esquí, señaló que uno de los mayores riesgos para quienes viven durante décadas en la ciudad es naturalizar el entorno y dejar de percibir su valor. “Lo que enseñé siempre es a no acostumbrarse a la montaña. Aunque uno lleve 30 o 40 años, hay que darse vuelta, mirar y decir: ‘Mirá dónde estoy, qué lindo que es esto’”, expresó.
También destacó la pureza del aire como uno de los atributos menos mencionados de la región. “Tenemos una limpieza de aire que muy pocos valoran. Acá hay una pureza aérea espectacular”, afirmó.
Para Guzmán, esos elementos forman parte de la experiencia que Bariloche ofrece a quienes llegan y también de una identidad que los residentes deberían conservar.
El problema de las obras
El secretario vinculó esa identidad con la necesidad de controlar construcciones y estructuras comerciales que se levantan sin autorización. Relató que algunos comerciantes aprovechan los viernes por la tarde, cuando disminuye la presencia de inspectores, para iniciar obras sobre veredas o espacios públicos.
“Rápidamente: tablas, tablones, hierro, soldadora, pum, pum. Te arman la tarima y el lunes te la encontraste ahí”, describió.
El funcionario sostuvo que esas intervenciones no deberían consolidarse por el simple hecho de haber sido construidas. También consideró indispensable que las áreas responsables actúen antes de que la situación quede instalada y resulte más difícil de revertir.
La fiscalización ya no depende de la Secretaría de Turismo, pero Guzmán aseguró que mantiene comunicación con las dependencias que tienen esa responsabilidad.
La estética como parte del producto turístico
El funcionario afirmó que las construcciones, la cartelería, el mobiliario y la limpieza forman parte de la imagen que Bariloche vende como destino. “Yo sufro, no me gusta. Estoy atento incluso a edificios que nada tienen que ver con la fisonomía de Bariloche”, señaló.
Guzmán mencionó como referencia a ciudades europeas donde las grandes marcas deben adaptar sus carteles y fachadas al estilo arquitectónico local. Citó el caso de Salzburgo, donde cadenas internacionales utilizan estructuras de hierro forjado y diseños menos invasivos para integrarse al entorno.
Su planteo es que Bariloche debería avanzar hacia criterios similares y exigir que las intervenciones comerciales respeten una identidad visual común. “Hay que respetar la marca Bariloche”, sostuvo.
La expresión no se limita a una estrategia publicitaria. Para el secretario, incluye el paisaje natural, la arquitectura, el orden del espacio público y la sensación que recibe una persona cuando recorre la ciudad. La intención, explicó, es que el visitante pueda tomarse una fotografía y sentir que está dentro de “un mundo irreal” o de “un cuento”.












