La investigación por la violenta entradera ocurrida en Bariloche, en la que Elías Francisco Miguel terminó enfrentándose a tiros con delincuentes que ingresaron a su vivienda, abrió una nueva línea de análisis para los investigadores: el perfil criminal de Franco Alí González, el hombre que llegó herido de bala al Hospital Zonal y que ahora aparece bajo la lupa judicial por su presunta vinculación con el hecho.
El dato no pasó inadvertido para los investigadores. González no solo ingresó al hospital con un disparo en el rostro pocas horas después del ataque, sino que además tenía un pedido de captura vigente emitido por la Justicia de Chubut. Su nombre, de hecho, figura desde hace años en expedientes vinculados a robos agravados, asaltos organizados y hechos de extrema violencia.
La reconstrucción de sus antecedentes permite entender el nivel de peligrosidad que le adjudican las fuerzas de seguridad y por qué su aparición en Bariloche encendió todas las alarmas.
Una fuga que se mantuvo en secreto
El 19 de febrero de este año, el diario Crónica de Chubut reveló que Franco Alí González se había fugado tras una salida transitoria autorizada desde la comisaría Primera de Trelew, donde permanecía detenido por distintas causas judiciales.
Según aquella publicación, González salió el domingo por la mañana con autorización para dirigirse a su domicilio y debía regresar a las 16 horas. Nunca volvió.
La Policía esperó alrededor de media hora antes de iniciar la búsqueda. Cuando los efectivos fueron a su vivienda, los familiares confirmaron que había pasado por el lugar pero que luego se retiró. Desde entonces, su paradero se volvió incierto y la Oficina Judicial de Comodoro Rivadavia ordenó su captura inmediata.
Lo que más llamó la atención en aquel momento fue el hermetismo con el que se manejó el episodio. La fuga permaneció varios días sin trascender públicamente mientras las fuerzas provinciales intentaban recapturarlo.
Pero el dato más inquietante era otro: González no era un detenido común.
Según la reconstrucción publicada en Chubut, acumulaba numerosos antecedentes penales, varias condenas y un historial ligado a hechos graves. Entre ellos figuraban robos armados y hasta un homicidio. A eso se sumaban investigaciones abiertas tanto en Trelew como en Comodoro Rivadavia.
Una banda “dispuesta a todo”
Meses antes de su fuga, el nombre de Franco Alí González ya había aparecido asociado a una causa de alto impacto en Chubut: el robo comando a una vivienda de Rada Tilly que terminó con una persecución cinematográfica por la Ruta 3 hasta Trelew.
El caso fue reconstruido por el portal ADN Sur en mayo de 2025 y expuso el funcionamiento de una banda organizada que, según la acusación fiscal, actuaba con logística, inteligencia previa y un nivel de violencia que preocupó especialmente a la Justicia.
De acuerdo con la investigación, el grupo realizó tareas de vigilancia antes del golpe para identificar horarios y movimientos de las víctimas. Aprovecharon el momento en que la familia no estaba en la vivienda y la empleada doméstica aún no había llegado.
La fiscalía sostuvo que no se trataba de delincuentes improvisados. Al momento de la detención, los acusados tenían barretas, amoladoras, discos de corte, equipos de comunicación y hasta elementos para reducir físicamente a las víctimas en caso de encontrarlas dentro de la casa.
“Estaban dispuestos a todo”, afirmó entonces el fiscal general Juan Carlos Caperochipi.
La fuga posterior incluyó vehículos robados, persecuciones y detenciones coordinadas entre distintas jurisdicciones. En los autos recuperaron buena parte del botín.
Entre los acusados figuraba Franco Alí González, junto a otros integrantes de la banda provenientes principalmente de Trelew.
La gravedad del caso llevó a la Justicia a mantener las prisiones preventivas bajo el argumento de que existía peligro de fuga y riesgo procesal. En el caso de González, además, se sumaba el hecho de que ya cumplía condena en otra causa penal.
El eslabón que ahora investiga Bariloche
Ahora, el nombre de González vuelve a aparecer en un expediente atravesado por violencia extrema.
Los investigadores intentan determinar cuál fue su participación en la entradera ocurrida en Bariloche y si efectivamente integraba el grupo que irrumpió en la vivienda del comerciante que terminó disparando para defenderse.
El dato de su ingreso al Hospital Zonal con una herida de arma de fuego en el rostro se convirtió en una pieza clave para reconstruir las horas posteriores al ataque.
Pero además, su perfil criminal modifica el contexto del caso: ya no se trata solamente de un sospechoso herido tras un asalto fallido, sino de un convicto prófugo con antecedentes por delitos graves, experiencia en robos organizados y un historial que incluye condenas previas y causas por hechos violentos.
En otras palabras, un hombre acostumbrado —según describen expedientes judiciales y fiscales que lo investigaron— a operar dentro de estructuras delictivas complejas y de alto riesgo.











