Pese a un contexto económico adverso y atravesado por variables macroeconómicas que escapan al control de las provincias, el turismo volvió a mostrar signos de resiliencia en Río Negro. Así lo planteó el director ejecutivo de la Agencia de Turismo de Río Negro (ATUR), Diego Piquín, quien en diálogo con Voz Radio realizó un balance positivo de la temporada de verano y dejó una definición que resume el rumbo que busca imprimirle a la política turística provincial: el desafío no es competir por precio, sino posicionar el valor del destino.
El funcionario se mostró conforme con el desempeño de enero, un mes que —según explicó— logró colmar las expectativas iniciales. Reconoció que el escenario económico condiciona las decisiones de viaje, pero subrayó que el sector trabaja con análisis permanentes para ajustar estrategias. En ese marco, sostuvo que el turista intenta sostener sus vacaciones aun en tiempos de ajuste, moderando consumos pero sin resignar la experiencia, una conducta que obliga a repensar cómo se ofrecen los destinos.
Bariloche aparece, en ese esquema, como el principal sostén del turismo provincial. Piquín definió a la ciudad como un destino consolidado, con un posicionamiento nacional e internacional indiscutido, y destacó que sigue siendo la “perla turística” no solo de Río Negro sino también del país. En ese sentido, anticipó que la conectividad aérea con Brasil para la próxima temporada invernal está prácticamente asegurada, tras gestiones con operadores mayoristas del mercado brasileño, un segmento clave para el invierno patagónico.
Más allá de los grandes números, el director de la ATUR puso el acento en la necesidad de afinar el análisis de cada destino. Señaló que no todos tienen el mismo comportamiento y que el desafío está en realizar un “ajuste fino” que permita entender qué ocurre en cada localidad, qué productos funcionan y cuáles necesitan ser reforzados. Para ello, remarcó la importancia de robustecer el Observatorio Turístico provincial, con el objetivo de medir competitividad y comparar a Río Negro con otros destinos nacionales e internacionales.
En materia de promoción, Piquín explicó que la estrategia combina campañas digitales, medios tradicionales y acciones con influencers, con el foco puesto en construir marca y comunicar experiencias. La idea, según planteó, es mostrar lo que Río Negro garantiza como destino, más allá de coyunturas cambiarias o comparaciones de precios.
En ese camino, los grandes eventos ocupan un lugar central. El Mundial de Motocross en Bariloche fue definido como una vidriera de enorme valor para visibilizar no solo a la ciudad, sino al conjunto de la provincia, desde la oferta gastronómica hasta las experiencias turísticas complementarias. A esto se suma la presencia institucional en eventos como la Exposición Rural y la Fiesta del Lúpulo en El Bolsón, con una estrategia de presencia de marca sostenida durante el primer trimestre del año.
De cara al invierno, el funcionario se mostró optimista. Consideró que la provincia está en condiciones de tener una buena temporada, apoyada en la fortaleza del producto “nieve”, pero con una mirada más amplia que trasciende el esquí tradicional. En ese esquema, destacó la incorporación de El Bolsón y el cerro Perito Moreno a una propuesta integral, lo que representa —según sostuvo— una ventaja competitiva frente a otros destinos.
Sin embargo, el concepto que atravesó toda la entrevista fue el de valor. Para Piquín, Argentina no puede darse el lujo de competir únicamente por precio en el mercado internacional. Explicó que enfocarse solo en el costo implica quedar atrapados en variables que no se controlan, como el tipo de cambio, mientras que el valor está ligado a lo que se ofrece por ese precio: paisajes, experiencias, gastronomía, cultura y servicios. “Argentina tiene un valor en sí mismo como producto turístico”, afirmó, y remarcó que esa debe ser la base del posicionamiento.
Como respaldo a esa mirada, reveló que enero cerró con un impacto económico un 20% superior al del año anterior en Río Negro, un dato que calificó como alentador aunque condicionado por factores externos. En definitiva, el mensaje fue claro: en un contexto incierto, la competitividad turística no se construye bajando precios, sino fortaleciendo el valor de cada destino.













