Una escena inquietante se desarrolla estos días en la zona del río Blanco, cerca del cerro Dedo Gordo, en El Bolsón: un incendio subterráneo que arde sin llama, sin humo y sin ruido, pero que mantiene el suelo a alta temperatura. Lo que arde no son ramas ni hojarasca: es una veta de carbón fósil con millones de años de antigüedad, parte de la ancestral Cuenca del Ñirihuau.
“Es algo pequeño, no es grande, debe tener aproximadamente 10 o 12 metros. No hay llama, pero sí temperatura. Es brasa sin fuegoâ€, describió Cristian Ruiz, jefe de operaciones del SPLIF El Bolsón, en diálogo con Radio Con Vos Patagonia. Según explicó, el carbón mineral tiene una capacidad calorífica muy superior al vegetal, y el calor se vuelve duradero y difícil de disipar.
La fuente del incendio es una franja de carbón enterrada a menos de medio metro de profundidad, ubicada en una suerte de “isla†natural formada por el cruce del río Blanco y el arroyo Negro. Aunque hay pobladores en la parte superior del terreno, la zona más afectada permanece aislada, sin riesgo de propagación inmediata.
“Nos recomendaron que no lo removamos porque si le entra más oxígeno, empeoraâ€, explicó Ruiz. “Lo que estamos haciendo es enfriarlo, monitorearlo, y alrededor del foco hicimos un cortafuego. Unos vecinos incluso dejaron una manguera con goteo para mantener la humedad en la superficieâ€.
La dificultad para extinguirlo radica no solo en la naturaleza del combustible, sino en la morfología del terreno: “Está como en una cantera, y el agua del río, que está a unos 100 metros, no penetra porque el suelo está en pendiente. El agua se escurre y vuelve al río sin afectar el núcleo del calorâ€.
Desde el SPLIF no descartan que el fenómeno se mantenga durante semanas o incluso meses. “En otros lugares del mundo hay vetas de carbón que llevan 100 años prendidasâ€, comentó Ruiz. La idea es mantener la zona contenida hasta recibir asesoramiento técnico especializado.
Una cuenca marina convertida en brasas
El geólogo Agustín Quesada, del Geomuseo de El Bolsón, acompañó la inspección del sitio y aportó una mirada paleogeográfica que ayuda a entender el origen del fenómeno. “Lo que observamos es la presencia de raíces quemadas, suelo ligeramente dañado, y debajo, piedra sedimentaria del período terciario. Es una formación de entre 20 y 40 millones de años, cuando la Patagonia era un fondo marinoâ€.
Esos sedimentos marinos dieron origen a pantanos costeros, que con el tiempo y la presión geológica se transformaron en turba, carbón e incluso gas. “Aunque esta veta era delgada, de solo 30 centímetros, estaba muy cerca de la superficie, a unos 30 o 50 centímetros. Probablemente se encendió por contacto con raíces que ardieron en un incendio anteriorâ€, explicó Quesada a FM La Radio de la Cordillera.
La Cuenca del Ñirihuau, donde se originó el carbón en combustión, se extiende entre Río Negro y Chubut, y es la segunda más importante del país en cuanto a reservas fósiles. “Hay afloramientos visibles en lugares como Cabeza del Indio, y en la línea que conecta Bariloche con Cholilaâ€, detalló el geólogo.
Riesgos bajos, preocupación alta
Por el momento, el SPLIF descarta que el foco subterráneo se propague o represente una amenaza directa. “No hay posibilidad de que se escape. Está contenidoâ€, aclaró Ruiz. Sin embargo, la experiencia dejó una señal de advertencia para la próxima temporada estival.
“Esta temporada va a ser más seca que la de 2016. Venimos por debajo del nivel de lluvias. Todas las napas están muy abajoâ€, advirtió. Por eso, desde el organismo se está trabajando en la distribución de reservorios y sistemas de prevención en los barrios: tanques australianos, geomembranas, y todo tipo de herramientas para anticiparse al fuego.
En paralelo, desde la provincia se anunció la entrega de nuevos equipos móviles, motobombas y herramientas manuales para fortalecer al personal en terreno.
Pero más allá del equipamiento, lo que destaca Ruiz es un cambio cultural: “Se ha tomado mucha conciencia. La gente se va a cuidar mucho másâ€.













