El incendio Confluencia en El Bolsón dejó una huella devastadora en el ecosistema y el sector productivo de la región. Un informe elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fue clave para fundamentar la declaración de emergencia y desastre agropecuario en la zona. La doctora en Ciencias Ambientales Manuela Fe ández, integrante del equipo que elaboró el informe, brindó detalles en Radio Con Vos Patagonia sobre el impacto del siniestro y las medidas que se activarán en consecuencia.
Según Fe ández, el informe inicial evaluó los daños en áreas forestales, agrícolas y de interfaz hasta febrero. “Nosotros hicimos una evaluación inicial porque el incendio aún está activo, entonces no es definitivaâ€, aclaró. Para ello, se utilizaron metodologías diversas, combinando imágenes satelitales, cálculos y observaciones en el terreno. Los resultados son alarmantes: se estima que el fuego afectó un total de 3.300 hectáreas, de las cuales 2.498 fueron quemadas de manera directa.
Dentro de las áreas afectadas, se contabilizan 2.066 hectáreas de bosque nativo, 166 hectáreas de plantaciones forestales y 110 hectáreas de humedales, conocidos como mallines. La especialista explicó que, además del fuego directo, existe un impacto por el calor, que “achicharra†la vegetación circundante. Por eso, en los cálculos se incluye un buffer de 100 metros alrededor de las áreas quemadas, dado que esa vegetación también queda severamente dañada.
Pérdidas productivas y estructurales
Más allá del daño ambiental, el informe del INTA reflejó un duro golpe para la producción agropecuaria y la infraestructura de la zona. “Hay 150 unidades productivas que tienen importantes pérdidas, lo que repercute a nivel regionalâ€, señaló Fe ández. El impacto económico se siente en la pérdida de cultivos, herramientas, infraestructura edilicia y animales. En total, se registraron 370 construcciones afectadas, incluyendo viviendas familiares, casas de chacareros y de trabajadores temporarios de cosecha, además de galpones, tinglados y cobertizos para animales.
Gracias a la información recopilada por el Centro de Investigación de Extensión Forestal Andino-Patagónico (CIEFAP), se logró identificar las especies nativas más afectadas: el Ciprés y el Coihue. Estas pérdidas agravan la crisis ambiental y productiva, al comprometer la biodiversidad de la región y la capacidad de recuperación del ecosistema.
Medidas tras la declaración de emergencia
La Ley Nacional 22.913 establece el marco legal para la declaración de emergencia agropecuaria, lo que permite a las provincias elevar sus pedidos a una comisión nacional integrada por diferentes organismos, como el Servicio Meteorológico Nacional, el Ministerio de Defensa, el Banco Central y entidades del sector agropecuario, entre otros. El INTA es el encargado de elaborar los informes técnicos que fundamentan la homologación del pedido.
Fe ández explicó que la emergencia habilita una serie de medidas para mitigar los daños y asistir a los productores afectados. Entre ellas, se incluyen beneficios crediticios e impositivos, así como la asignación de partidas para reparar o construir obras públicas dañadas. “Las entidades bancarias nacionales, oficiales o mixtas pueden otorgar créditos con mayores facilidades a quienes están dentro del área afectadaâ€, detalló. Asimismo, se establecen prórrogas en los vencimientos impositivos, ya que se entiende que los damnificados no cuentan con los recursos para cumplir con sus obligaciones fiscales en el corto plazo.
Recuperación: un proceso a largo plazo
La restauración del área afectada no será inmediata. Fe ández enfatizó que existen acciones a corto, mediano y largo plazo para recuperar lo perdido. En la primera etapa, el foco está puesto en el apoyo económico a los productores. Luego, se trabajará en estrategias de restauración ecológica y reactivación productiva.
“Estamos pensando en todas las estrategias para la recuperación, en cómo el INTA puede trabajar con otras instituciones en la restauración de cenizas nativas, en programas de cosecha, limpieza de cenizas de especies forestales y siembraâ€, explicó. Para ello, se cuenta con un equipo interdisciplinario que abarca especialistas en restauración forestal, suelos y desarrollo productivo.
Fe ández, quien lleva cinco años en el INTA Bariloche con un enfoque en gestión de riesgos de desastres, destacó el valor del trabajo conjunto y la mirada integral del problema. “Es un equipo variado, que analiza mapas, imágenes satelitales y datos agrometeorológicos para diseñar estrategias de recuperaciónâ€, puntualizó acerca de la tarea encomendada.
*La entrevista completa:













